Casas sumergidas bajo el agua, calles convertidas en ríos, personas esperando desesperadas en los techos por un rescate y otras refugiadas en albergues tras perderlo todo: esta es la desoladora escena que enfrenta el sur de Brasil debido a los intensos temporales que azotan la región desde el inicio de la semana.
El saldo hasta el momento es de al menos 57 muertos y 67 desaparecidos, según el último informe de las autoridades divulgado este sábado. La región más afectada es Rio Grande do Sul, estado fronterizo con Uruguay y Argentina, aunque Santa Catarina también empieza a sentir los estragos de las lluvias.
El gobernador de Rio Grande do Sul, Eduardo Leite, advirtió que los números podrían cambiar drásticamente a medida que los equipos de rescate logren acceder a las zonas aisladas. Más de 265 municipios han sido afectados, incluida la capital regional, Porto Alegre, donde el centro histórico quedó completamente inundado tras el desborde del río Guaíba, que alcanzó su nivel más alto en ocho décadas.
Las imágenes de destrucción son estremecedoras: vehículos sepultados bajo el barro, carreteras destrozadas, casas rodeadas de agua con techos derrumbados y personas evacuadas con lo poco que pudieron rescatar.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, declaró que esta es una de las peores inundaciones que ha presenciado y aseguró que el Gobierno destinará todos los recursos necesarios para atender la emergencia. Las Fuerzas Armadas han desplegado cientos de militares, aeronaves, barcos y vehículos para colaborar en las labores de rescate, que también cuentan con la participación de voluntarios.
Sin embargo, la situación sigue siendo crítica, con nuevas alertas emitidas por el Instituto Nacional de Meteorología de Brasil por fuertes lluvias y el riesgo de inundaciones en la región del alto Uruguay. Además, se advierte sobre la posibilidad de ruptura de represas en varias ciudades, lo que aumenta el peligro para las comunidades afectadas.
La solidaridad y la colaboración se hacen sentir en medio de la tragedia, pero la magnitud de la devastación plantea un desafío sin precedentes para las autoridades y los equipos de rescate. La prioridad en este momento es salvar vidas y brindar apoyo a las personas afectadas por esta catástrofe natural que ha golpeado con fuerza al sur de Brasil.